domingo, 30 de diciembre de 2018

Triste final.


Permitidme que me ponga nostálgico. Ayer día 29, pasé el día en Las Parras. Hacía un día espléndido de sol radiante.  Recorrí las eras para realizar varias fotos, ya que el día acompañaba. Observé que se había hundido el último pajar que quedaba en pié y recordé las innumerables veces que hemos ido a por paja con mi hermano Alejandro al pajar de mi abuelo Alejandro. Prácticamente a diario íbamos a llenar grandes sacas para abastecer las necesidades de ‘machos’ (mulos), ‘puercos’ (cerdos), cabras, gallinas y conejos; que eran la base de nuestra alimentación proteínica animal.  Después me adentré en el cerrado de mi abuelo Alejandro, un extenso campo de regadío en la ladera situada entre las eras y el pueblo. Recordé las veces que he ido allí a regarlo, a ‘dallar alfaz’ (cortar alfalfa) y coger hojas de remolacha para alimentar a los animales, a cavar las patatas, a coger peras, manzanas…. Era un rico campo de regadío junto al pueblo con abundantes frutales hoy abandonado.



Fotos del pajar recientemente hundido.

Yo ví dos escuelas abiertas en Las Parras: la de los niños y la de las niñas. Cuando comencé mis estudios preescolares ya sólo quedaba una. En febrero de 1975 esta escuela se cerró y comenzó mi emigración a la Escuela Hogar de Teruel, ciudad en donde hoy resido.
Este es el primer invierno que el pueblo de mi mujer (El Villarejo de Terriente) está completamente deshabitado. Tengo la sensación de que pronto ocurrirá lo mismo en Las Parras. Es una realidad cruel tristemente extendida por muchos pueblos de la provincia.
 No pretendo que regresen los viejos tiempos, simplemente echo en falta una clase política concienciada y comprometida para buscar alternativas que impidieran que hoy hayamos llegado a estos extremos. El Festival Folclore Vivo es una más de las inumerables iniciativas que surgen en la provincia para concienciar del grave problema de la despoblación. Personalmente creo que es demasiado tarde.
Nuestros políticos no aprendieron de las experiencias de cierre de la azucarea de Santa Eulalia, de las minas de hierro de Ojos Negros,  o de las minas de carbón de Utrillas. El 1 de enero de 2020 se cierra la central térmica de Andorra, y por ende se acaba la minería en la zona. Es un cierre largamente anunciado durante los últimos 20 años. Parece ser que no ha habido tiempo para elaborar alternativas y hoy nuestra clase política está más preocupada de echar la culpa al prójimo que de buscar soluciones eficaces.
En otras provincias su impacto económico sería escaso, pero para Teruel supone la mitad de su producto interior bruto. En mi opinión supone dar la Extrema Unción a nuestra provincia. Es la Crónica de una muerte largamente anunciada.
Algunos dirán que aún hay esperanza. Se va a mejorar el eje ferroviario Cantábrico-Mediterráneo, se buscan soluciones para la carretera de Cuenca,… Curiosamente, eso mismo se decía hace 50 años y hoy seguimos igual, pero mucho más despoblados.